CDAR Capítulo 1 Aquí
CDAR Capítulo 2 Aquí
CDAR Capítulo 3 Aquí
CDAR Capítulo 4 Aquí
El Mandala estaba listo con todas las Divinas Místicas a pie de guerra. Muchas eran las batallas que habían librado juntas a través de las eras que habían permanecido unidas. Monstruos de siete cabezas que en realidad son ideas superficiales que pretendían tener profundidad pero que en realidad solo proyectaban el miedo a rascar dentro de sí.
El camino del crecimiento interno no es para cualquiera, solo los más valientes guerreros están dispuestos a encararse a sí mismos. Las divinas son almas auténticas, congruentes. Se cubren las espaldas unas a otras, aprenden de los reflejos que cada una de ellas representa para las demás y crecen, evolucionan, por eso son perfectas para socorrer a aquellas almas que al igual que ellas se embarcan en el camino del autoconocimiento, el camino que Terry tan valientemente ha elegido como el alma fuerte y decidida que es él.
Juntas harán lo que sea necesario para ayudarlo a cambiar su destino.
El camino del crecimiento interno no es para cualquiera, solo los más valientes guerreros están dispuestos a encararse a sí mismos. Las divinas son almas auténticas, congruentes. Se cubren las espaldas unas a otras, aprenden de los reflejos que cada una de ellas representa para las demás y crecen, evolucionan, por eso son perfectas para socorrer a aquellas almas que al igual que ellas se embarcan en el camino del autoconocimiento, el camino que Terry tan valientemente ha elegido como el alma fuerte y decidida que es él.
Juntas harán lo que sea necesario para ayudarlo a cambiar su destino.
Cicatrices de un Alma Rebelde
Capítulo 5
Conexiones del alma
Cuando Candy salió del restaurante y lo dejó ahí, solo y avergonzado apenas y alcanzó a reaccionar ante el comportamiento de la chica, cuando al fin sus piernas y su mente dilucidaron lo sucedido salió tras ella apenas alcanzando a ver por donde se dirigía, corrió tan rápido como pudo, volviendo la vista cada tanto hasta que logro ver y detener un taxi al cual solicitó seguir el auto donde la rubia iba, calles adelante la vio detenerse, pensó que ahí se quedaría pero luego ella fue avanzando lentamente, preguntando cada tanto a algún transeúnte como si estuviera buscando a alguien.
El caminaba tras ella un poco más atrás para que no se diera cuenta, de repente ella aceleró para dar vuelta en una esquina, el caminó más rápido para no perderla, el barrio a donde se adentraba no se veía nada seguro, menos para alguien de su clase.
Al llegar a donde ella dio vuelta reconoció el auto varias calles adelante, si es que a ese camino maltrecho de tierra se le podía llamar calle, la observó bajar desde lejos y adentrarse a un lugar, metió las manos a los bolsillos y caminó despacio, dándose tiempo de pensar, antes de llegar se detuvo en un poste del alumbrado eléctrico para organizar sus ideas. Tenía que analizar muy bien como iba a proceder para con Candy después de esa bochornosa discusión. Tal pareciera que no le gustaba que al fin se le estuviera otorgando el lugar que merecía en la familia. Antes su comunicación era excelente. pero de un tiempo acá se le hacía que Candy le ocultaba cosas, ya no le tenía confianza y eso lo volvía loco. Había deseado desde siempre tenerla entre sus brazos, y declararse su dueño absoluto y tenía la certeza que hacían una magnífica pareja si tan solo se dejara guiar un poco.
Paseo su mirada por el lugar, había algo en el que le parecía familiar, frunció el ceño, entonces recordó, el accidente del imbécil de Neil la semana pasada, cómo impulsado por un resorte reanudó su marcha, estaba por llegar cuando vio salir a Candy, tras ella la figura alta del tipo aquel, caminó despacio para ver que harían, mala idea, el tipo encerró a Candy con los brazos sobre el cofre del auto, luego se acercó, demasiado para su gusto, a sus ojos pareciera que algo le decía al oído, dio dos pasos más al frente y dos a su derecha, entonces… su corazón se aceleró cual motor en formula 1, abrió los ojos cuan grandes eran y apretó los puños hasta dejar sus nudillos blancos, el infeliz muerto de hambre ¡Estaba..! No seguramente había visto mal. ¡Ahí! Delante de sus narices, cómo un bólido se acercó para dejar salir las palabras en forma de grito.
—¡Candy! — un grito enérgico provocó el sobresalto de la chica, quien inmediatamente se separó de James.
El aludido entonces demostró su molestia por la interrupción, Archie pudo verlo en el fulgor de su mirada, pero después que mostro esa sonrisa burlona el joven no pudo evitar sus acciones inmediatas al tiempo de lanzar una advertencia.
- ¡No te vuelvas a acercar a Candice o te va a pesar! – dijo señalando con el índice al tiempo que tomaba a Candy del brazo jalándola para llevarla dentro del coche y posteriormente el subir para arrancar hundiendo el pie en el acelerador para salir de ese lugar casi llevándose a James por delante. La silenciosa súplica en los ojos de la pecosa a los que James ya había aprendido -o recordado- como leer en silencioso lenguaje de complicidad, furon lo único que evitó que en ese momento atestara un fuerte golpe al catrín ese.
Illinois cerca de las montañas
─Señorita Pony─ llamó una monja de rostro amable tras golpear una puerta de madera para luego introducirse a la habitación- el padre James ha llegado- informó la mujer.
─Gracias hermana María, ya voy para allá─ respondió la dulce voz de una mujer regordeta, la señorita Paulina Giddins, directora y fundadora de una casa hogar para niños huérfanos conocida como “el hogar de Pony”.
Unos minutos después, la señorita Pony y la hermana María recibían a James Portland el sacerdote del pueblo que, junto con un pequeño niño estaban sentados en la salita del lugar.
─Es un gusto tenerlo por aquí padre─ comentó la señorita Pony.
─A mí también me da gusto verlas aunque hoy vengo con una triste encomienda─ dijo el sacerdote mirando al pequeño acurrucado en su regazo.
─Ya veo…─ respondió la buena mujer─ ¿Quién es? ─ inquirió.
─No sabemos su nombre, no ha hablado desde que fue rescatado─.
─¿Rescatado?─preguntó la hermana María.
─Lo encontraron cerca de la estación de La Porte, por las vías, iba caminando solo, aunque la policía en sus averiguaciones encontro que lo probablemente había bajado de un vagón, así que no se sabe cuántos días anduvo así, ni exactamente desde que dirección provenía.─.
─¿Está muy herido? ─ indaga la señorita pony al ver la manita izquierda vendada.
─Tiene una fuerte quemadura en la mano que seguramente le dejará cicatrices, es un milagro que no se le haya infectado, habrá que tener mucho cuidado con eso. También tiene algunos golpes y raspones, pero nada más a Dios gracias─ se santiguó el padre ─sé que ya tienen muchos niños, pero este pequeño no tiene a dónde ir.
─Entiendo padre, no se preocupe, donde come uno comen dos─ afirmó sonriendo dulcemente la señorita Pony.
─Padre…─ habló la hermana María─ ¿Cómo debemos llamarlo? ─ cuestionó la monja ─dice usted que no ha hablado─.
─No, no ha dicho palabra alguna, el doctor dice que está en una especie de shock debido a algún trauma reciente. La policía no se explica cómo es que llegó solo. Ya el teniente Sherman hace indagaciones para saber su posible paradero, pero mientras eso sucede tenía que buscarle un buen lugar donde quedarse.─
─ Entiendo, pero...debemos llamarlo de alguna manera ─insistió María.
─Pues le llamaremos como al padre, al fin y al cabo, él lo ha traído ¿Te gusta hijo? ─ inquirió la señorita Pony dirigiéndose al niño que permanecía quieto en las piernas del sacerdote.
El pequeño niño miró el rostro de la mujer, sus ojitos azul profundo parpadearon, parecía que la estuviera analizando, decidiéndose si era o no una persona de fiar. Al fin ladeó la cabeza e hizo una especie de sonrisa de lado.
─ Eres un hermoso ángel, te cuidaremos bien─ afirmó la mujer acariciando su carita.
─Espero que con el tiempo le regrese el habla y pueda decirnos alguna pista de su procedencia─ suspiró el hombre de Dios.
─ ¡Ay padre! Cuándo Candy lo conozca no parará hasta hacerlo hablar ─ afirmó la hermana ─esa niña haría hablar hasta las piedras ¿No es así Candy? ─ preguntó la mujer dirigiéndose en voz un poco alta hacia la puerta entreabierta.
Una risita infantil y muy traviesa se escuchó, al abrirse bien una pequeña niña de tres años, rubia, con el cabello rizado atado en dos coletas hizo su aparición.
─Hola padre James ─saludó la chiquilla sonriendo.
─Hola Candy─.
─Candy, ya te dije que es de mala educación andar escuchando tras las puertas─ le reconvino la hermana María.
─Déjela hermana─ defendió la señorita Paulina─ ven Candy quiero presentarte a un nuevo amigo─dijo al tiempo que le hacía una señal con la mano para que se acercara ─él es James. ─
Candy miró al pequeño, era un niño de cabellos castaños, ojos de un azul profundo pero tristes.
─¡Hola James, yo soy Candy! ─ saludó la niña- ven, vamos a jugar- le invitó extendiendo la mano para que su nuevo amigo la tomara.
James la miró de arriba a abajo, ella era graciosa, con unas manchitas en la nariz que se movían cuando hablaba, miró al padre y este hizo un asentimiento, entonces el niño se bajó del regazo del hombre y tomó la mano de la pequeña Candy.
Memphis, Tennessee 13 años después.
Barrio de South Maine
James aparcó a Theodora en el taller, así había bautizado a la potente Harley modificada. Aunque Al le había dicho ya mil veces que esa preciosa máquina le pertenecía a él, James se negaba a aceptarla hasta que ahorrara lo suficiente para finalmente comprarla. Siempre que se bajaba de esta no podía evitar que un fuerte suspiro se le escapara, algún día, él lo sabía. El chico iba llegando de ir a hacer un trabajo a domicilio.
─ ¿En dónde está Al? - preguntó a Charlie pues vio el auto del hombre estacionado a un costado.
─Apenas llegó se fue para tu casa, no tiene mucho que lo hizo, vino Jimmy buscándote. Algo pasó con tu mamá y se fue para allá de inmediato─ respondió el joven─
─ ¿Qué le dijeron exactamente dime? ─exigió molesto, pero ya no esperó más y salió corriendo hacia su hogar.
─Lily por favor, debemos ir al médico, usted no está nada bien─ decía un hombre rubio de aproximadamente treinta años, alto, de complexión atlética y unos ojos de un azul muy claro que miraban con preocupación a la linda mujer de ojos olivo. Aunque tenían años de conocerse, seguía habiendo entre ellos una barrera invisible que no les permitía hablarse abiertamente de lo que ambos sentían.
─No es nada además... ¡Auch! ─ la mujer no terminó de decir la frase pues el hombre le tocó el brazo derecho y ella enseguida reaccionó con dolor.
─ ¡Lily!, está lastimada, no puede quedarse así, vamos, yo mismo la llevaré─ la instó el hombre preocupado por ella.
─No se preocupe Al, estaré bien, además tengo trabajo que entregar, cuando yo lo haga veré si me alcanza para una consulta en el dispensario─ dijo la mujer sin darle importancia, pero guardando su brazo inflamado, con moretones, apenas con movilidad mientras ella seguía cosiendo un vestido.
─No se preocupe por eso, ahora necesita ser atendida─
─Mamá hazle caso a Al, ya van varias veces que te veo que batallas para agarrar las cosas, te quejas constantemente, aunque lo niegues, no puedes estar así─ insistía Jimmy.
─Les digo que no es nada, el dolor pasará, ya he pasado por esto─ manifestó la mujer bajando la cabeza con vergüenza.
─Lily...yo... ─ decía Al extendiendo la mano derecha con la intención de tocar a la mujer cuando..:
─ ¡Mamá!─ exclamó el joven castaño entrando a la humilde casa.
La casa de los Larson no era muy grande, era apenas un corredor donde estaba la salita y el comedor para cuatro personas, la cocineta y dos cuartos, uno para Lily y el otro para James con su hermano Jimmy, apenas y tenían lo necesario, la mujer se dedicaba a la costura desde hacía más de diez años, buscando algo con que darles de comer a sus hijos después de haber corrido a su marido alcohólico y golpeador sin tener que salir de casa comenzó a ofrecer sus servicios a los vecinos los cuales, poco a poco fueron recomendándole con otras personas, con gran esfuerzo se compró una máquina de coser de segunda mano que cuidaba como un tesoro, ahí, en un rincón de su casa, utilizando la mesa del comedor para cortar su trabajo se ganaba la vida y cuidaba de sus hijos.
─ ¡Aquí James! ─ responde la mujer llamando la atención del muchacho.
─ ¿Estás bien? ─ cuestionó el chico arrodillándose junto a ella que se encontraba sentada en la silla del comedor.
─No está nada bien pero no quiere ir a que la revisen─ informó el rubio.
─Claro que no está bien, no lo ha estado y ahora estuvo a punto de tirar su máquina de coser cuando intentaba moverla de lugar haciéndose la valiente como lo hace siempre que tú no estás. ─ añadió el chico de trece años, exasperado, sintiéndose impotente. A veces pensaba que tanto su madre como James lo querían mantener en una burbuja protectora. Siempre le insistían en que se enfocara en sus estudios y que lo demás lo dejara a cargo de ellos.
James miró a su madre, sus océanos chocaron con esos ojos verde olivo, de su boca no salió palabra alguna, pero con sólo una mirada se entendieron muy bien, James recordaba a la perfección esa expresión de dolor en los ojos de esa mujer que le había dado tanto amor y cariño, así como un hogar.
─Mama, debemos ir al médico─dijo el castaño con seriedad─no creas que no me he dado cuenta, desde aquello no te mueves como siempre. ─
─Deja que acabe el vestido de la señora Wilson, si alcanza iré al dispensario, eso le estaba diciendo al señor Al─ informó la mujer.
─Ya le dije que no se preocupe por eso, la llevaré al hospital─ respondió el rubio.
─ ¡Por supuesto que no!, Usted no tiene ninguna obligación─ expresó la mujer enrojeciendo con la vergüenza.
─Te lo agradezco Al, pero no podemos aceptar eso, además ese cabrón que la arrolló debe responder─ proclamó el chico poniéndose de pie.
─No seas orgulloso James, además es la salud de tu madre, luego me lo regresarás, lo importante es que sea atendida, puede tener el brazo roto y entonces se complicaría aún más─.
─ ¿Mamá? ─ inquirió James dirigiéndose a Lily.
─No quiero causar molestias, además un hospital debe ser muy caro y nosotros no podemos…
─Lily por favor- pidió Al arrodillándose ahora junto a la mujer, tomando su mano- deje que la atiendan, el dinero no es problema, me haré cargo con gusto, James luego lo repondrá con más tiempo en el taller ¿No es así chico? ─ finalizó el rubio cuestionando a James.
El joven asintió, no le gustaba tener que aceptar favores de nadie pero Al era un gran amigo, y aunque tuviera que pasarse la noche trabajando le devolvería hasta el último dólar que gastase, eso sí, ese burgués de mierda, pagaría por lo que hizo, de eso se encargaría él mismo, ya sabía dónde buscarlo, Charlie y Sandra dos chicos de su barrio se habían encargado de seguir el grupo de niños ricos el día del accidente, también pensaba en decirle a Cookie y a Billy por si las cosas se ponían feas, ahora debía ver por su familia y suplicar porque su amiga Patty no se enterara de sus planes o le caería de nuevo con la cantaleta de siempre, “hay que tener serenidad y tomar las cosas con calma, pensar antes de hacer” como si él estuviera para andar pensando.
Barrio de Harbor town
En una gran casa cerca del río Mississippi un grupo de jóvenes estaban reunidos para comer con la matriarca de la familia, la señora Elroy, una mujer entrada en años, de tez morena y rostro severo, era raro que la mujer estuviera en la ciudad, no le gustaba para nada el clima, prefería estar en su casa de Chicago, sin embargo, de vez en cuando se reunía con sus jóvenes sobrinos para verlos y cerciorarse que estuvieran acatando los deberes que les correspondía por ser “la nueva generación”, “el futuro de la familia” como siempre solía decir.
─Me da gusto verlos niños, todos se ven muy sanos, incluso tu Candice ─ mencionó la mujer señalando a la rubia sentada a su derecha, junto a Anthony en el gran comedor.
Las comidas con la tía eran todo un evento, ropa formal, vestidos recatados, hasta el lugar en la mesa debía ser estrictamente en orden de ascendencia, ella siempre a la cabecera pues el tío William sabía dios donde andaba de sus tantos compromisos de trabajo que la única que estaba al pendiente era la tía Elroy, a su derecha Anthony Brown el siguiente después del tío, junto a él Candy y luego Eliza, a la izquierda Archibald y Alistear Cornwell con Neil que era el hermano menor de Elisa, la única invitada Annie Brighton al final.
─ ¡Gracias tía! ─ respondió la chica con sarcasmo pues sabía que la vieja Elroy no la toleraba mucho que digamos.
─Espero niños que la escuela les pinte bien, yo hubiera querido que fueran a un internado en Londres, pero el tío William no quiso─ dijo la mujer con pesar mientras cortaba con elegancia un trozo de carne.
─No te preocupes por nosotros tía Elroy, aquí estamos muy bien, la escuela es buena, los maestros también así que…
─Disculpen la interrupción- habló el mayordomo- afuera hay un muchacho que insiste en ver al joven Neil─ informó el hombre.
─Estamos comiendo, dígale que venga otro día─ ordenó la tía.
─Ya se lo dije madame, pero no sé va, ha amenazado con entrar a la fuerza─ dijo el hombre.
Lo que el educado mayordomo no mencionó fue la serie de palabrotas que salieron de la boca del jovencito castaño al exigir la presencia de Neil.
-James esto no es una buena idea- proclamó una jovencita de cabellos castaños cortos, su nombre: Patty O'Brien, amiga e integrante del grupo conformado por “el inglés”
- ¡Mi madre está lastimada! ¿Cómo quieres que me quede sin hacer nada? - cuestionó el joven James apretando los dientes, molestó por estar esperando a ser recibido.
-Se que Lily está mal, ya me lo dijiste ¡Pero no estoy de acuerdo con que vengas a reclamar! - señaló Patty haciendo aspavientos, frustrada porque su amigo no entraba en razón.
-Sí no estabas de acuerdo ¿Para qué demonios viniste?
- ¡Para que no metieras la pata, mocoso alebrestado! Y luego traes a todo el séquito de tarados- indico señalando a Sandra y los cuatro chicos apostados en el auto de uno de ellos, Charlie
- ¡Yo no les dije que vinieran!
- ¡Ya, ya “inglés”! Nadie nos dijo- informó Charlie- nosotros nos invitamos solitos “patito”- mencionó el chico con una mueca mordaz.
James estaba por decir algo cuando vio al grupo de jóvenes conformados por el tal Neil, el elegante snob y dos chicos más que caminaban hacia la reja de entrada.
CONTINUARÁ...
Portada realizada por La Divina Mist \Byul Hye.
Edición de portada por La Divina Laera\Lau4you.
Capítulo 5 por La Divina Temperance\Primrose
Introducción por La Divina Fedra\Elby8a.
Conexiones del alma
Cuando Candy salió del restaurante y lo dejó ahí, solo y avergonzado apenas y alcanzó a reaccionar ante el comportamiento de la chica, cuando al fin sus piernas y su mente dilucidaron lo sucedido salió tras ella apenas alcanzando a ver por donde se dirigía, corrió tan rápido como pudo, volviendo la vista cada tanto hasta que logro ver y detener un taxi al cual solicitó seguir el auto donde la rubia iba, calles adelante la vio detenerse, pensó que ahí se quedaría pero luego ella fue avanzando lentamente, preguntando cada tanto a algún transeúnte como si estuviera buscando a alguien.
El caminaba tras ella un poco más atrás para que no se diera cuenta, de repente ella aceleró para dar vuelta en una esquina, el caminó más rápido para no perderla, el barrio a donde se adentraba no se veía nada seguro, menos para alguien de su clase.
Al llegar a donde ella dio vuelta reconoció el auto varias calles adelante, si es que a ese camino maltrecho de tierra se le podía llamar calle, la observó bajar desde lejos y adentrarse a un lugar, metió las manos a los bolsillos y caminó despacio, dándose tiempo de pensar, antes de llegar se detuvo en un poste del alumbrado eléctrico para organizar sus ideas. Tenía que analizar muy bien como iba a proceder para con Candy después de esa bochornosa discusión. Tal pareciera que no le gustaba que al fin se le estuviera otorgando el lugar que merecía en la familia. Antes su comunicación era excelente. pero de un tiempo acá se le hacía que Candy le ocultaba cosas, ya no le tenía confianza y eso lo volvía loco. Había deseado desde siempre tenerla entre sus brazos, y declararse su dueño absoluto y tenía la certeza que hacían una magnífica pareja si tan solo se dejara guiar un poco.
Paseo su mirada por el lugar, había algo en el que le parecía familiar, frunció el ceño, entonces recordó, el accidente del imbécil de Neil la semana pasada, cómo impulsado por un resorte reanudó su marcha, estaba por llegar cuando vio salir a Candy, tras ella la figura alta del tipo aquel, caminó despacio para ver que harían, mala idea, el tipo encerró a Candy con los brazos sobre el cofre del auto, luego se acercó, demasiado para su gusto, a sus ojos pareciera que algo le decía al oído, dio dos pasos más al frente y dos a su derecha, entonces… su corazón se aceleró cual motor en formula 1, abrió los ojos cuan grandes eran y apretó los puños hasta dejar sus nudillos blancos, el infeliz muerto de hambre ¡Estaba..! No seguramente había visto mal. ¡Ahí! Delante de sus narices, cómo un bólido se acercó para dejar salir las palabras en forma de grito.
—¡Candy! — un grito enérgico provocó el sobresalto de la chica, quien inmediatamente se separó de James.
El aludido entonces demostró su molestia por la interrupción, Archie pudo verlo en el fulgor de su mirada, pero después que mostro esa sonrisa burlona el joven no pudo evitar sus acciones inmediatas al tiempo de lanzar una advertencia.
- ¡No te vuelvas a acercar a Candice o te va a pesar! – dijo señalando con el índice al tiempo que tomaba a Candy del brazo jalándola para llevarla dentro del coche y posteriormente el subir para arrancar hundiendo el pie en el acelerador para salir de ese lugar casi llevándose a James por delante. La silenciosa súplica en los ojos de la pecosa a los que James ya había aprendido -o recordado- como leer en silencioso lenguaje de complicidad, furon lo único que evitó que en ese momento atestara un fuerte golpe al catrín ese.
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Illinois cerca de las montañas
─Señorita Pony─ llamó una monja de rostro amable tras golpear una puerta de madera para luego introducirse a la habitación- el padre James ha llegado- informó la mujer.
─Gracias hermana María, ya voy para allá─ respondió la dulce voz de una mujer regordeta, la señorita Paulina Giddins, directora y fundadora de una casa hogar para niños huérfanos conocida como “el hogar de Pony”.
Unos minutos después, la señorita Pony y la hermana María recibían a James Portland el sacerdote del pueblo que, junto con un pequeño niño estaban sentados en la salita del lugar.
─Es un gusto tenerlo por aquí padre─ comentó la señorita Pony.
─A mí también me da gusto verlas aunque hoy vengo con una triste encomienda─ dijo el sacerdote mirando al pequeño acurrucado en su regazo.
─Ya veo…─ respondió la buena mujer─ ¿Quién es? ─ inquirió.
─No sabemos su nombre, no ha hablado desde que fue rescatado─.
─¿Rescatado?─preguntó la hermana María.
─Lo encontraron cerca de la estación de La Porte, por las vías, iba caminando solo, aunque la policía en sus averiguaciones encontro que lo probablemente había bajado de un vagón, así que no se sabe cuántos días anduvo así, ni exactamente desde que dirección provenía.─.
─¿Está muy herido? ─ indaga la señorita pony al ver la manita izquierda vendada.
─Tiene una fuerte quemadura en la mano que seguramente le dejará cicatrices, es un milagro que no se le haya infectado, habrá que tener mucho cuidado con eso. También tiene algunos golpes y raspones, pero nada más a Dios gracias─ se santiguó el padre ─sé que ya tienen muchos niños, pero este pequeño no tiene a dónde ir.
─Entiendo padre, no se preocupe, donde come uno comen dos─ afirmó sonriendo dulcemente la señorita Pony.
─Padre…─ habló la hermana María─ ¿Cómo debemos llamarlo? ─ cuestionó la monja ─dice usted que no ha hablado─.
─No, no ha dicho palabra alguna, el doctor dice que está en una especie de shock debido a algún trauma reciente. La policía no se explica cómo es que llegó solo. Ya el teniente Sherman hace indagaciones para saber su posible paradero, pero mientras eso sucede tenía que buscarle un buen lugar donde quedarse.─
─ Entiendo, pero...debemos llamarlo de alguna manera ─insistió María.
─Pues le llamaremos como al padre, al fin y al cabo, él lo ha traído ¿Te gusta hijo? ─ inquirió la señorita Pony dirigiéndose al niño que permanecía quieto en las piernas del sacerdote.
El pequeño niño miró el rostro de la mujer, sus ojitos azul profundo parpadearon, parecía que la estuviera analizando, decidiéndose si era o no una persona de fiar. Al fin ladeó la cabeza e hizo una especie de sonrisa de lado.
─ Eres un hermoso ángel, te cuidaremos bien─ afirmó la mujer acariciando su carita.
─Espero que con el tiempo le regrese el habla y pueda decirnos alguna pista de su procedencia─ suspiró el hombre de Dios.
─ ¡Ay padre! Cuándo Candy lo conozca no parará hasta hacerlo hablar ─ afirmó la hermana ─esa niña haría hablar hasta las piedras ¿No es así Candy? ─ preguntó la mujer dirigiéndose en voz un poco alta hacia la puerta entreabierta.
Una risita infantil y muy traviesa se escuchó, al abrirse bien una pequeña niña de tres años, rubia, con el cabello rizado atado en dos coletas hizo su aparición.
─Hola padre James ─saludó la chiquilla sonriendo.
─Hola Candy─.
─Candy, ya te dije que es de mala educación andar escuchando tras las puertas─ le reconvino la hermana María.
─Déjela hermana─ defendió la señorita Paulina─ ven Candy quiero presentarte a un nuevo amigo─dijo al tiempo que le hacía una señal con la mano para que se acercara ─él es James. ─
Candy miró al pequeño, era un niño de cabellos castaños, ojos de un azul profundo pero tristes.
─¡Hola James, yo soy Candy! ─ saludó la niña- ven, vamos a jugar- le invitó extendiendo la mano para que su nuevo amigo la tomara.
James la miró de arriba a abajo, ella era graciosa, con unas manchitas en la nariz que se movían cuando hablaba, miró al padre y este hizo un asentimiento, entonces el niño se bajó del regazo del hombre y tomó la mano de la pequeña Candy.
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Memphis, Tennessee 13 años después.
Barrio de South Maine
James aparcó a Theodora en el taller, así había bautizado a la potente Harley modificada. Aunque Al le había dicho ya mil veces que esa preciosa máquina le pertenecía a él, James se negaba a aceptarla hasta que ahorrara lo suficiente para finalmente comprarla. Siempre que se bajaba de esta no podía evitar que un fuerte suspiro se le escapara, algún día, él lo sabía. El chico iba llegando de ir a hacer un trabajo a domicilio.
─ ¿En dónde está Al? - preguntó a Charlie pues vio el auto del hombre estacionado a un costado.
─Apenas llegó se fue para tu casa, no tiene mucho que lo hizo, vino Jimmy buscándote. Algo pasó con tu mamá y se fue para allá de inmediato─ respondió el joven─
─ ¿Qué le dijeron exactamente dime? ─exigió molesto, pero ya no esperó más y salió corriendo hacia su hogar.
─Lily por favor, debemos ir al médico, usted no está nada bien─ decía un hombre rubio de aproximadamente treinta años, alto, de complexión atlética y unos ojos de un azul muy claro que miraban con preocupación a la linda mujer de ojos olivo. Aunque tenían años de conocerse, seguía habiendo entre ellos una barrera invisible que no les permitía hablarse abiertamente de lo que ambos sentían.
─No es nada además... ¡Auch! ─ la mujer no terminó de decir la frase pues el hombre le tocó el brazo derecho y ella enseguida reaccionó con dolor.
─ ¡Lily!, está lastimada, no puede quedarse así, vamos, yo mismo la llevaré─ la instó el hombre preocupado por ella.
─No se preocupe Al, estaré bien, además tengo trabajo que entregar, cuando yo lo haga veré si me alcanza para una consulta en el dispensario─ dijo la mujer sin darle importancia, pero guardando su brazo inflamado, con moretones, apenas con movilidad mientras ella seguía cosiendo un vestido.
─No se preocupe por eso, ahora necesita ser atendida─
─Mamá hazle caso a Al, ya van varias veces que te veo que batallas para agarrar las cosas, te quejas constantemente, aunque lo niegues, no puedes estar así─ insistía Jimmy.
─Les digo que no es nada, el dolor pasará, ya he pasado por esto─ manifestó la mujer bajando la cabeza con vergüenza.
─Lily...yo... ─ decía Al extendiendo la mano derecha con la intención de tocar a la mujer cuando..:
─ ¡Mamá!─ exclamó el joven castaño entrando a la humilde casa.
La casa de los Larson no era muy grande, era apenas un corredor donde estaba la salita y el comedor para cuatro personas, la cocineta y dos cuartos, uno para Lily y el otro para James con su hermano Jimmy, apenas y tenían lo necesario, la mujer se dedicaba a la costura desde hacía más de diez años, buscando algo con que darles de comer a sus hijos después de haber corrido a su marido alcohólico y golpeador sin tener que salir de casa comenzó a ofrecer sus servicios a los vecinos los cuales, poco a poco fueron recomendándole con otras personas, con gran esfuerzo se compró una máquina de coser de segunda mano que cuidaba como un tesoro, ahí, en un rincón de su casa, utilizando la mesa del comedor para cortar su trabajo se ganaba la vida y cuidaba de sus hijos.
─ ¡Aquí James! ─ responde la mujer llamando la atención del muchacho.
─ ¿Estás bien? ─ cuestionó el chico arrodillándose junto a ella que se encontraba sentada en la silla del comedor.
─No está nada bien pero no quiere ir a que la revisen─ informó el rubio.
─Claro que no está bien, no lo ha estado y ahora estuvo a punto de tirar su máquina de coser cuando intentaba moverla de lugar haciéndose la valiente como lo hace siempre que tú no estás. ─ añadió el chico de trece años, exasperado, sintiéndose impotente. A veces pensaba que tanto su madre como James lo querían mantener en una burbuja protectora. Siempre le insistían en que se enfocara en sus estudios y que lo demás lo dejara a cargo de ellos.
James miró a su madre, sus océanos chocaron con esos ojos verde olivo, de su boca no salió palabra alguna, pero con sólo una mirada se entendieron muy bien, James recordaba a la perfección esa expresión de dolor en los ojos de esa mujer que le había dado tanto amor y cariño, así como un hogar.
─Mama, debemos ir al médico─dijo el castaño con seriedad─no creas que no me he dado cuenta, desde aquello no te mueves como siempre. ─
─Deja que acabe el vestido de la señora Wilson, si alcanza iré al dispensario, eso le estaba diciendo al señor Al─ informó la mujer.
─Ya le dije que no se preocupe por eso, la llevaré al hospital─ respondió el rubio.
─ ¡Por supuesto que no!, Usted no tiene ninguna obligación─ expresó la mujer enrojeciendo con la vergüenza.
─Te lo agradezco Al, pero no podemos aceptar eso, además ese cabrón que la arrolló debe responder─ proclamó el chico poniéndose de pie.
─No seas orgulloso James, además es la salud de tu madre, luego me lo regresarás, lo importante es que sea atendida, puede tener el brazo roto y entonces se complicaría aún más─.
─ ¿Mamá? ─ inquirió James dirigiéndose a Lily.
─No quiero causar molestias, además un hospital debe ser muy caro y nosotros no podemos…
─Lily por favor- pidió Al arrodillándose ahora junto a la mujer, tomando su mano- deje que la atiendan, el dinero no es problema, me haré cargo con gusto, James luego lo repondrá con más tiempo en el taller ¿No es así chico? ─ finalizó el rubio cuestionando a James.
El joven asintió, no le gustaba tener que aceptar favores de nadie pero Al era un gran amigo, y aunque tuviera que pasarse la noche trabajando le devolvería hasta el último dólar que gastase, eso sí, ese burgués de mierda, pagaría por lo que hizo, de eso se encargaría él mismo, ya sabía dónde buscarlo, Charlie y Sandra dos chicos de su barrio se habían encargado de seguir el grupo de niños ricos el día del accidente, también pensaba en decirle a Cookie y a Billy por si las cosas se ponían feas, ahora debía ver por su familia y suplicar porque su amiga Patty no se enterara de sus planes o le caería de nuevo con la cantaleta de siempre, “hay que tener serenidad y tomar las cosas con calma, pensar antes de hacer” como si él estuviera para andar pensando.
OoOoOoOoOoOoOoOo
Barrio de Harbor town
En una gran casa cerca del río Mississippi un grupo de jóvenes estaban reunidos para comer con la matriarca de la familia, la señora Elroy, una mujer entrada en años, de tez morena y rostro severo, era raro que la mujer estuviera en la ciudad, no le gustaba para nada el clima, prefería estar en su casa de Chicago, sin embargo, de vez en cuando se reunía con sus jóvenes sobrinos para verlos y cerciorarse que estuvieran acatando los deberes que les correspondía por ser “la nueva generación”, “el futuro de la familia” como siempre solía decir.
─Me da gusto verlos niños, todos se ven muy sanos, incluso tu Candice ─ mencionó la mujer señalando a la rubia sentada a su derecha, junto a Anthony en el gran comedor.
Las comidas con la tía eran todo un evento, ropa formal, vestidos recatados, hasta el lugar en la mesa debía ser estrictamente en orden de ascendencia, ella siempre a la cabecera pues el tío William sabía dios donde andaba de sus tantos compromisos de trabajo que la única que estaba al pendiente era la tía Elroy, a su derecha Anthony Brown el siguiente después del tío, junto a él Candy y luego Eliza, a la izquierda Archibald y Alistear Cornwell con Neil que era el hermano menor de Elisa, la única invitada Annie Brighton al final.
─ ¡Gracias tía! ─ respondió la chica con sarcasmo pues sabía que la vieja Elroy no la toleraba mucho que digamos.
─Espero niños que la escuela les pinte bien, yo hubiera querido que fueran a un internado en Londres, pero el tío William no quiso─ dijo la mujer con pesar mientras cortaba con elegancia un trozo de carne.
─No te preocupes por nosotros tía Elroy, aquí estamos muy bien, la escuela es buena, los maestros también así que…
─Disculpen la interrupción- habló el mayordomo- afuera hay un muchacho que insiste en ver al joven Neil─ informó el hombre.
─Estamos comiendo, dígale que venga otro día─ ordenó la tía.
─Ya se lo dije madame, pero no sé va, ha amenazado con entrar a la fuerza─ dijo el hombre.
Lo que el educado mayordomo no mencionó fue la serie de palabrotas que salieron de la boca del jovencito castaño al exigir la presencia de Neil.
-James esto no es una buena idea- proclamó una jovencita de cabellos castaños cortos, su nombre: Patty O'Brien, amiga e integrante del grupo conformado por “el inglés”
- ¡Mi madre está lastimada! ¿Cómo quieres que me quede sin hacer nada? - cuestionó el joven James apretando los dientes, molestó por estar esperando a ser recibido.
-Se que Lily está mal, ya me lo dijiste ¡Pero no estoy de acuerdo con que vengas a reclamar! - señaló Patty haciendo aspavientos, frustrada porque su amigo no entraba en razón.
-Sí no estabas de acuerdo ¿Para qué demonios viniste?
- ¡Para que no metieras la pata, mocoso alebrestado! Y luego traes a todo el séquito de tarados- indico señalando a Sandra y los cuatro chicos apostados en el auto de uno de ellos, Charlie
- ¡Yo no les dije que vinieran!
- ¡Ya, ya “inglés”! Nadie nos dijo- informó Charlie- nosotros nos invitamos solitos “patito”- mencionó el chico con una mueca mordaz.
James estaba por decir algo cuando vio al grupo de jóvenes conformados por el tal Neil, el elegante snob y dos chicos más que caminaban hacia la reja de entrada.
CONTINUARÁ...
Portada realizada por La Divina Mist \Byul Hye.
Edición de portada por La Divina Laera\Lau4you.
Capítulo 5 por La Divina Temperance\Primrose
Introducción por La Divina Fedra\Elby8a.