Hola, niñas del Hogar de Pony. Les dejo un capítulo más de La reina, Carmín y yo agradecemos por el cariño que ha recibido la historia. Leemos todos sus comentarios, aunque no siempre podamos responderlos. Gracias y disfruten la lectura.
Neil se acercó a los presentes.
—Qué lástima que la reina haya muerto, quería una audiencia con ella. Qué extraño que haya muerto, precisamente ahora que hay tantos visitantes —se paseaba frente a los germánicos con sus ojos ambarinos detallando a cada uno de ellos, en especial a Susana— tuve el honor de conocerla, su majestad era una anfitriona magnífica. Una verdadera pena que ya no les será posible comprobarlo por ustedes mismos —se inclinó haciendo una venía burlesca a Archie— Mi madre, la cual era su gran amiga, quería verla, sé muy bien que nuestra difunta reina me hubiera dado el recibimiento que me merezco, no el que me dio el rey de estas tierras. Parece que los visitara un simple mensajero y no el futuro rey de España, los que gozamos de toda la simpatía del Papa y su apoyo, claro.
—Hermano —Eliza algo mareada, se acercó a él.
—No te esperábamos, no es mi culpa que tu hermana no informara que te invitaría. Eso sería lo correcto —expresó Richard de forma seca.
—¿Por qué? ¿Acaso ella no tiene la potestad y el poder absoluto de invitar a quién quiera, incluso a su hermano? O acaso, dañé algunos planes —soltó con rabia Neil, desafiando al rey inglés.
—Cuida tus palabras, muchacho, no te olvides que estás en mi reino —le advirtió Richard, conteniéndose. Se puso rojo por la molestia y a la vez, el miedo de que Neil ya supiera lo que planeaba hizo que se le humedecieran las palmas de las manos de sudor.
—¿Debo sentirme intimidado, Richard? Solo diré que, si algo me llegara a pasar a mí o a mi hermana, mis tropas marcharían de inmediato a tierras inglesas y mi padre pediría a la iglesia que convoque a todos sus aliados para dejar solo un recuerdo de este lugar.
—¿Es una amenaza? —preguntó Richard al príncipe español.
—Oh, no. Para nada, pero nunca está de más hacer recordatorios, y no lo digo solo para Inglaterra, también para las tierras Germánicas. Pero descuiden, no creo que sea necesario, estamos entre amigos, ¿no es así?
—Creo que está de más ese comentario. Yo soy un hombre de paz y de alianzas, prefiero las palabras que la guerra —manifestó Archibald, el rey germánico.
—Las palabras se las lleva el viento cuando se trata de defender lo tuyo. La guerra es un mal necesario que te lleva a marcar historia, “Majestad” —Neil miró con menosprecio al fino y joven rey germánico.
—No creo que sea el momento de mostrar que reino es el más poderoso. Es una noche de duelo y de despedir a una de las mejores reinas que han vivido. Hay que respetar el dolor del rey y su familia —fueron las palabras que usó Amelia tratando de liberar tensión. Nadie dañará los planes de nadie, ya que no los hay —dijo con voz conciliadora la reina viuda.
Terry ingresó al lugar y vio que todos estaban tensos.
—¡Esposo! —gritó la pelirroja cuando lo vio— ¿Dónde estabas? ¿Y Anthony? ¿no estaba contigo? —preguntó Eliza soltándose del brazo de su hermano y dirigiéndose a Terry. El castaño la miró detenidamente recordando las palabras escuchadas en el cuarto oculto.
—Parece que te preocupa más tu cuñado que tu esposo, que no ves que debe estar sufriendo —Susana alzó la voz, fulminando con la mirada a Eliza, le molestaba tenerla ahí, tan cerca de Terry.
—Princesa, no está bien que se preocupe por un esposo ajeno —señaló Neil a Susana, la cual se sonrojó, sintiéndose incómoda por todos los ojos que estaban puestos en ella— Nunca han tenido problemas en su matrimonio, usted no debe alterarse —se acercó y le dijo muy cerca del oído— le aseguro que cualquier disgusto lo arreglarán en su alcoba —la rubia se escandalizó por la cercanía y el atrevimiento del futuro monarca, Neil se alejó con una sonrisa.
El obispo entró con Anthony.
—El cuerpo de la reina ya está preparado para que los dolientes puedan ingresar —anunció el religioso.
Anthony fue el primero en pasar, abrazando a Annie a su paso, la jovencita se notaba incómoda, trataba de estar al margen de la inusual charla que se llevó a cabo momentos atrás.
Eliza no pudo evitar buscar con la mirada a Anthony y él le correspondió. Lo cual no pasó desapercibido ni para Terry ni para Neil, el cual sonrió, ya que todo sería justo como él lo imaginaba.
—Majestad, muchos fieles y dolientes de la realeza esperan que se abra las puertas de la iglesia para ver a la reina, pero usted y sus hijos deben ingresar primero.
—Sí, vamos —verbalizó Richard.
Anthony se puso en marcha y al pasar por el lado de Terry le dijo:
—No tienes que estar si no quieres. Total, no era tu madre, no es eso lo que siempre decías —llevaba a Annie de la mano.
—Tú tampoco, pero tienes razón, ya lloré la muerte de dos madres que sí me amaron y fueron las únicas que en verdad valían la pena que derramara mis lágrimas. Una de ellas también era tu madre —Terry se retiró desconcertando a los presentes.
Susana quiso ir tras él, pero Amelia la tomó de la mano.
—Aún no. Paciencia mi niña, ya tendrás tu momento.
—Nosotros también nos retiramos, luego regresamos; debo hablar con mi hermana —informó Neil, Richard y los presentes lo miraron.
Restando importancia de los que abandonaron el salón, uno a uno de los presentes fue saliendo de a poco rumbo a la iglesia.
—Eliza, ¿qué está pasando? ¿Por qué me mandaste a llamar? Pensé que solo me extrañabas, pero ya veo que todo aquí está muy mal —Neil interrogó a una confundida Eliza.
—Tienes razón, hermano —el rostro de Eliza pálido y cansado lo miró—. El rey quiere anular mi matrimonio con Terry por no darle un heredero —Eliza se recostó en una viga del salón— O tal vez me quiera muerta —a Neil se le estrujó el corazón al ver a su hermana tan vulnerable, rápidamente esa grieta de debilidad se fue tornando amarga, hasta enfurecerlo.
—¡Maldito! Si te daña yo mismo lo mataré.
—Querido hermano, por eso te mandé a llamar, para que me ayudaras —Eliza se recostó al pecho de su hermano—. La peor humillación es que sin antes concluir mi matrimonio trajo a esa germánica para que sea la nueva esposa de Terry.
Después de un par de minutos de silencio, Neil habló.
—Tranquila, yo mismo me encargaré de todo. Si el problema es un hijo se lo darás y yo mismo en persona me encargaré de la princesa Germánica —Eliza levantó su mirada a Neil.
—¿Y cómo? Llevo cuatro años sin poder concebir —confesó frustrada— Estoy tratando de que una bruja me ayude con eso… —se detuvo, Neil tenía una sonrisa pícara en sus labios— ¿tienes otra idea, hermano?
—Me conoces bien hermanita, sabes que para nosotros no hay imposibles. Estar tantos años rodeada de ingleses te ha restado astucia. Sí, tengo una idea mejor, una mucho mejor, si el rey quiere un hijo de su sangre se lo darás —Eliza se separó de él y se cruzó de brazos, alzando una de sus finas cejas, instándolo a continuar— He visto como se miran Anthony y tú, creo que puedes aprovechar muy bien a tú cuñado… embarázate de él. No me veas así, sedúcelo, será muy fácil y así también cumples tu sueño de tener a Anthony —el apuesto hombre soltó una carcajada— Deberías esforzarte por disimular, si no es que ya todo el reino se dio cuenta— Eliza se ruborizó, Neil no tenía forma de saber cuan sabías eran sus palabras, ni de los apasionados sueños tan vividos que, gracias a Circe, tenía con Anthony—. Ah, y por la germánica no te preocupes, a Susana déjamela a mí, que de ese rubio problema me encargo yo —los ojos de Neil centellearon de maldad y picardía.
—Hermano, pero… eso sería un pecado, ¿y… si mi esposo no me acompaña en mi lecho cómo lo justificaré? —Eliza se notó confundida.
—No es muy arriesgado. Bueno, para eso tienes a la bruja, que te dé algo para sedarlo y así lo puedas hacer pasar una noche en tu lecho. Y créeme hermanita, si le ofreces tus favores a Anthony no dudará en tomarlos y menos con el recelo que le tiene a su hermano.
Eliza recordó el último sueño, lo escalofriante que fue subir al paredón, mientras era golpeada sin piedad.
—Pero si nos descubren me matarán, lo sé. Eso le paso a la madre de Terry.
—Deben ser muy precavidos, buscar un escondite perfecto —ella volvió a recordar la horrible pesadilla y el cuarto obsequiado por Anthony.
—Hay un lugar, pero ahí llevé a la bruja —las palabras de Eliza sonaban vacías, sus ojos fijos como si estuviera en otro lugar, y lo estaba, reviviendo en su cabeza lo que podría pasar si era descubierta.
—Bueno, ahí lo tienes, no le veo problema, ubícala en otro lugar y cítalo a solas. De hecho, yo me encargaré de eso, diré que ella es mi sirviente y que siempre está conmigo. Así podré trabajar junto a ella para asegurar tu reinado.
—Puede funcionar, —Eliza se quedó pensando— pero si mis padres lo saben no me lo perdonarán, la iglesia condenará mi alma para siempre —Eliza se atemorizó.
—Ja, ja, ja Hermanita, no creas todo lo que esos religiosos te enseñan. Es eso y tener un hijo o la muerte, tú eliges, de igual forma ya estás haciendo algo indebido para Dios y es tener una bruja contigo. Confía en mí, es lo única salida, después de que te embaraces el rey te dejará en paz y tú obtendrás doble recompensa, Terry será el padre de tus hijos, al igual que Anthony.
Los ojos de Eliza se iluminaron, su hermano era un genio, ella tendría un hijo de su verdadero amor, Anthony. Y seguiría siendo la esposa de Terry y algún día sería la reina de Inglaterra.
—Bien, pongamos el plan en marcha.
El revoloteo de unas alas se oyó, Eliza miró a su alrededor, pero ya se había marchado.
—¿Escuchaste eso? —preguntó a Neil.
—¿Qué? —Neil miró a todos lados.
—Parecía el aleteo de un ave —dijo ella mirando por la ventana.
—¿Y…? qué acaso no hay muchas en este lugar —la pelirroja recordó al cuervo de la noche anterior mirándola a través de la ventana.
—Sí, tienes razón. Creo que debo descansar —agregó, pasando su mano por la frente hasta la coronilla de su cabeza.
—Pondremos mi plan en marcha y ya verás que serás la nueva reina.
—¿Qué harás con Susana? ¿Le pedirás al rey Germánico que te deje desposarla?
—¿Desposarla? Para nada, no hace falta pedirle matrimonio para ver que esa joven está deseosa de estar en los brazos de un hombre, créeme hermana, no será difícil convencerla y tenerla entretenida mientras tú llevas tu plan a cabo. No me interesa una alianza con Germania, y más conociendo a su rey, prefiero la guerra que las palabras; los orientales son más ricos y vastos, de mujeres hermosas y creo que mi alianza será con ellos.
—Pero mis padres y la iglesia no lo aprobarán —exclamó Eliza escandalizada.
—Cuando tenga el poder del dinero y un vasto ejército, créeme la iglesia, me apoyará —afirmó acercándose a la ventana con su hermana—. Además, tendré a mi hermana, la reina de Inglaterra, que me apoyará. ¿No es así?
—No creo que Terry te apoye —concluyó ella.
—¿Y qué importa eso, hermana? Él ya no estará cuando pase.
—¿Qué quieres decir, Neil? —Eliza volteo a verlo.
—Que Terry debe morir al igual que su padre y tú serás la reina regente mientras tu hijo crezca y pueda reinar. Y yo me encargaré de enseñarle todo, seré su maestro.
—Pero… —el dedo de Neil calló a Eliza.
—Tal vez ahora no lo entiendas, pero me lo agradecerás más adelante. Créeme, es lo mejor, hermanita —Eliza solo asintió en silencio.
Terry, que estaba en la parte alta de la iglesia junto a una viga para no ser visto, vio al halcón que lo miraba fijamente a través de una ventana.
—¿Circe? —preguntó en un susurro.
Ella, al percatarse de que él notó su presencia, voló. Terry, algo inquieto, salió del recinto tras las miradas molestas de muchos, incluso de su padre y hermano. Al llegar al rosal vio al ave ahí en la parte alta del castillo, bajando e hizo que ingresara con él.
Candy que estaba leyendo algunos libros de su madre, vio que Terry y su madre ingresaban por el pasadizo; Circe les dijo lo que escuchó del plan de los españoles y de cómo planeaban apoderarse del reino y el deseo de Neil de conocer a Circe, esto aterró a Candy y preocupó a Terry.
—En la noche vendré por ti y te llevaré lejos —dijo Terry.
La noche era fría y oscura con un silencio extraño, Candy fingía dormir mientras Terry llegaba por ella. La puerta sonó con fuerza.
—¿Quién… quién es? —preguntó Candy, sabiendo que no era la hora pactada con Terry.
—Soy yo, Paty —Candy se cubrió el rostro soltando un suspiro.
—Espera, Paty —se acomodó el velo y la capa.
Al abrir vio a Paty distinta.
—Circe, tienes visitas —dijo la castaña algo asustada.
—¿Visitas aquí? ¿Quién? —dijo sorprendida.
—Yo, Neil, príncipe de España. Y tú Circe, vendrás conmigo—la estruendosa voz de Neil retumbó en los oídos de Candy.
Continuará…
CAPÍTULO 14
Última edición por Lady Ardlay el Miér Abr 19, 2023 6:45 am, editado 1 vez