Capítulo 2: Observado
Pasaron largos minutos, ambos se encontraban sentado uno al lado del otro y en silencio, hasta que Candy decidió romper el mutismo.
-¿Ahora qué haremos Terry?
-No tenemos suficiente dinero para el viaje
-Creo que, si no logramos conseguir los boletos, solo nos quedará regresar al San Pablo…
-No lo sé, si regresamos, corremos el riesgo de que nos descubran y aun así no lo hicieran… recuerda por qué nos fuimos, creo que esa no es una opción
-Entonces… -ella se mordió el labio inferior- tendremos que ver la forma de conseguir un par de boletos
-Sí, podríamos esperar hasta que amanezca, siempre hay algunas personas que revenden boletos y podríamos intercambiarlos por algún objeto de valor, aún tengo un anillo que mi padre me regaló- se dispuso a buscar en un bolsillo oculto de su saco- siempre lo guardo aquí porque pensé que llegaría el día en que podría empeñarlo
-¿Es muy valioso? –preguntó ella al ver el pequeño aro
-Solo está hecho de plata, pero nos servirá de algo
-Está bien Terry, entonces solo tenemos que esperar unas cuantas horas
-Sí, aprovecharé en recuperar un poco de energías, esos golpes me dejaron algo cansado y adolorido
Cerró sus ojos y tras unos minutos, su cabeza comenzó a caer poco a poco hacia un costado, Candy intentó acomodarlo para que se recostara sobre su regazo, lo miraba detenidamente, observando las pestañas y cejas que enmarcaban aquel rostro de blanca piel, los mechones de su castaña melena caían despreocupadamente, los acomodó a un costado. Suspiró y cerró los ojos un momento, sin darse cuenta cayó dormida, cuando empezó a escuchar algunos ruidos, abrió nuevamente los ojos, el cuello le dolía terriblemente por la posición en la que se había quedado. Los rayos del sol comenzaban a iluminar el cielo, unas cuantas personas estaban llegando al mismo lugar en el que ellos se hallaban.
-Terry… -llamó ella para despertarlo
Él pareció mascullar algo entre dientes, abrió los ojos frunciendo un poco el ceño y se incorporó poco a poco, cayó en cuenta de que se había quedado dormido en el regazo de la muchacha, la miró y se disculpó de inmediato.
-Lo siento Candy, espero no haberte incomodado, no me di cuenta de en qué momento terminé recostado sobre ti
-No te preocupes –ella le sonrió, en ese instante un leve rugido se escuchó haciendo que un rubor marcara sus mejillas
-Tienes hambre –le dijo él
-Puedo aguantar, no es nada
Terry se quedó en silencio, pensando en qué debería hacer al respecto, al haber perdido casi todo el dinero que tenía, las opciones que tenían eran bastante limitadas y no podría ofrecerle a Candy lo suficiente como para mantenerla bien, tenía que pensar rápidamente en algo.
-Esperemos unos minutos a que haya más gente, ahí llegarán los revendedores de boletos
Ella asintió, y tal como lo había dicho su novio, transcurrieron aproximadamente treinta minutos más para que llegaran algunas personas ofreciendo boletos de forma discreta, Terry le pidió a Candy que le esperara, se levantó y caminó hasta donde se encontraba una pareja, ambos estaban alrededor de los cuarenta años, vendían algunos periódicos, luego se acercó hacia una muchacha que vendía pan, compró un poco con uno de los billetes que tenía en su bolsillo secreto y volvió hasta donde ya le esperaban.
-Creí que comprarías boletos –le dijo ella un poco confundida al ver el periódico y la bolsa de papel que tenía en manos
-Los revendedores no pueden venir gritando a todos que tienen boletos, por eso algunos fingen hacer algo más –él abrió el periódico y ahí dentro se hallaban dos tickets- lo siento Candy, solo pude conseguir estos que son de tercera clase
-Estaremos bien Terry, será cuestión de acomodarnos
-Conseguí comprar un poco de pan –le ofreció la bolsa de papel y le mostró el contenido
-Creí que no tenías dinero
-Tengo algunos billetes aún, pero la verdad no creo que nos alcance lo suficiente –bajó la mirada un poco decepcionado
-Nos las arreglaremos, verás que estaremos bien Terry
-Espero que así sea pecosa –suspiró profundamente
-Ahora vamos a comer un poco y guardemos otro poco para más tarde –le indicó ella
Cada uno comió un pan, no tenía el sabor más agradable, pero era suficiente para poder mantener su estómago bien por el momento, tuvieron que esperar una hora más para poder abordar el barco que los haría cruzar el mar. Cuando arribaron, un hombre los miró con cierto desdén y les indicó cuál era su camarote. Ambos se adentraron para buscar, mientras tanto el barco comenzaba a zarpar, cuando llegaron a la puerta que les habían indicado, entraron, encontraron una sola cama y una llave encima de la almohada. La pecosa se sonrojó y Terry se apresuró en hablar.
-Voy a preguntar si nos pueden cambiar de habitación, espérame aquí
Ella solo asintió y se encerró para luego sentarse en el colchón, Terry buscó al hombre que les había recibido los boletos y al encontrarlo se le acercó.
-¡Señor! –llamó- ¡Disculpe! –el hombre volteó y lo miró con el ceño fruncido –disculpe señor, creo que hay un problema
-¿Qué problema? –preguntó
-Es que vine con… una señorita y cuando fuimos a nuestra habitación, había una sola litera
-¿Y cuál es el problema?
-Es que nosotros…
-Si tanto problema tienen, pueden salir de este barco, hay habitaciones en las cuales hay tres o cuatro personas y no veo que se estén quejando, además ¿ustedes no son pareja?
-Sí, lo somos –dijo él sintiendo que podría meterse en problemas- olvide lo que le dije, disculpe por las molestias
-Está bien muchacho, aprecia más lo que tienen –el hombre negó con la cabeza y se retiró
Terry tuvo que regresar a donde se encontraba Candy, cuando ya casi había llegado hasta la habitación, vio que alguien le observaba desde el final de ese pequeño pasillo. Observó a aquella persona que había posado su mirada en él, de piel bastante oscura, por sus rasgos pudo ver que se trataba de una mujer, de estatura regular y aunque era de contextura delgada, sus curvas bajo las prendas que la cubrían, eran bastante evidentes, llevaba puesto un vestido y una capa, ambos de colores vivos, al igual que los largos pendientes que tenía en las orejas, un turbante envolvía su cabeza de manera casi artística. A ella no pareció importarle que él se hubiera dado cuenta de que estaba siendo observado, pues ella no despegó sus ojos de Terry, se sintió un poco extraño y cuando llegó hasta la puerta de su recámara se adentró para luego mirar a Candy, él negó con la cabeza y ella se agachó.
-Me dijo que hay habitaciones en las que se encuentras tres o cuatro personas…
-Eso es terrible –dijo sorprendida
-Lo sé, creo que será mejor no quejarnos más… pero no te preocupes pecosa, solo tengo que acomodar un poco de ropa en el suelo y listo
-No hace falta Terry, no me molesta que compartamos la misma cama –el ojiazul la miró un poco sorprendido
-He pasado peores cosas –ella sonrió y se encogió de hombros
-Me intrigas cuando dices eso
-Estoy algo cansada, vamos a recostarnos mientras te cuento de aquella vez en que casi me llevan a México
-¿A México?
-Sí
Ambos se descalzaron de los zapatos y se recostaron sobre la pequeña cama, intentando guardar la mayor distancia que pudieran entre sus cuerpos, Candy comenzó a relatarle cómo había conocido al señor García y toda la travesía que tuvo que pasar para luego ser adoptada por el tío abuelo William. Poco a poco, ella se quedó dormida y él se dejó arrastrar por el sueño, intentando restarle importancia al dolor que lo aquejaba en la zona de sus costillas.
Aquel par de ojos azules se abrieron después de unas horas, volvió a observar el pecoso rostro que se encontraba frente a él, en su mejilla comenzaba a formarse un leve moretón, se lamentó por no haber podido defenderla cuando aquel maldito la abofeteó y por no haber evitado la humillación que le hizo pasar al ordenarle que se quitara el abrigo, o más aún… cuando el bastardo intentó rasgar su vestido con el afilado cuchillo, apretó su mandíbula volviendo a revivir aquel sentimiento de ira. Con las puntas de los dedos rozó suavemente la mejilla, esto causó que Candy se despertara, abrió los ojos para encontrarse con los de él.
-Discúlpame Candy –dijo Terry- no pude protegerte como se debía
-Claro que sí lo hiciste, si no hubiera sido por ti, quizás hubiera podido pasar algo peor
-Que alguien ponga una mano sobre ti, y más aún de esa forma tan violenta y repugnante como lo hizo ese tipo… no puedo soportarlo
-No fue tu culpa Terry –ella sintió el calor de la masculina mano que se posaba sobre su mejilla con delicadeza
-Me pregunto si huir del San Pablo fue en verdad una buena decisión
-Mientras estemos juntos, estaremos bien y podremos superarlo todo, no dudes más por favor…
Él la miró, en aquellas esmeraldas podía sentir la calma que necesitaba, como si un verde bosque lo invitara a sentir que todo estaría bien y lo abrazaba con la calidez que solo ella podía proporcionarle. Comenzó a acercarse a Candy poco a poco hasta sentir que sus respiraciones se encontraban una con la del otro, posó sus labios sobre los de ella como si estuviera acariciando una frágil flor y luego se separó lentamente, le dedicó una tierna sonrisa e intentó estrecharla entre sus brazos, una vez más, ignorando las punzadas que sentía en el vientre.
-Candy, te amo… -le susurró al oído
-Yo también te amo Terry –le correspondió ella con su dulce voz
En aquel abrazo volvieron a quedarse dormidos
Continuará...