Advertencia, tiene descripciones explícitas y lenguaje soez.
Estaba preparándome para la primera misión de campo, nada ni nadie impediría que yo hiciera acto de presencia en ella.
Grandchester me evadía como la peste desde hacía 2 semanas, imagino que por haberlo dejado con el boiler prendido y sin apagar la mecha, pero esa no era realmente mi intención, por supuesto que habría culminado nuestro encuentro después de haber conocido a su "amigo fiel", no había objeción al respecto, pero la llegada de ese tipo me puso en alerta, algo en lo que ando todo el tiempo, sobre todo en este medio.
Quién hubiera pensado que el micromicrófono que coloqué estratégicamente entre su vendaje, razón que me llevó a actuar cariñosamente con él, tenía un sonido espectacular, lo que me permitió escuchar los gemidos placenteros de Grand, mientras se masturbaba y me maldecía, al tiempo que también a mí me calentaba y pues... A darle. Desafortunadamente, fuera de ese calentón, no pude descubrir nada más, pues el micrófono quedó inservible en cuanto él se bañó, lo cual ocurrió justo después de correrse.
Ahora, en cuanto me mira, huye de mi presencia, como temiendo otro fogoso encuentro entre nosotros, lo cual estaría bien para bajar los niveles de estrés que me cargo, sobre todo porque Leagan ha estado ausente mucho tiempo... Eso, plus lo que alcancé a oír, me tenía de mírame y no me toques, odiaba que las cosas se me escaparan de las manos como agua, tenía que atar los cabos pronto...
FLASHBACK
–Necesitamos congeladores más grandes. –Dijo Eliza.
–No podemos levantar sospechas, un espacio más grande llamaría pronto la atención, será por lo bajo. –Respondió Leagan.
–La demanda es alta, estamos empezando a crecer y requerimos más... "Producto". –Rebatió ella.
–Será de a poco, es lento pero seguro... –Confirmó su hermano.
–Pero cariño... –Quiso objetar Eliza.
–¡Basta ya! Será como yo diga... Cuando esto fructifique, entonces nos ampliaremos y desharemos de los obstáculos...
En ese momento el canal de ventilación tronó ante el movimiento de mi codo sobre él, lo que provocó que ellos miraran hacia el techo... Contuve la respiración y me quedé estática, ignoraron el asunto y siguieron hablando de la próxima entrega de mercancía, pero decidí no arriesgarme y me moví rápidamente de ahí, justo en el instante en que mi teléfono vibraba.
–¿Dónde demonios andas? Te perdimos la señal... ¿Todo bien? ¿Algún problema? –Alfa 1 al ataque.
–Todo bien. Sí, sin problemas. Hablamos cuando esté en casa. –Respondí con voz baja mientras descendía del canal.
–No me provoques dolores de cabeza, ¿sabes que te amo, no es así? –Aquí viene el chantaje.
–También te amo, ya lo sabes. –Acepté sin salir de la habitación. ¿Había yo cerrado la puerta al entrar? No lo recordaba, pero con él al teléfono, era imposible hacerlo.
–Temo que Leagan quiera o pueda poner sus asquerosas manos sobre ti, y tú lo consientas a fin de descubrir más del asunto. La excitación, más bien ansiedad acerca de eso, me gana...
–Basta... Controla tus pensamientos cochinos. ¿Quieres excitarte? Entonces espera a que llegue a casa, valdrá la pena...
Y salí del lugar...
FIN DEL FLASHBACK.
Esa noche le conté a Alfa acerca de lo que había oído, por más que trato de entender para qué diablos quieren un refrigerador gigante, no logro asimilarlo del todo, me faltan piezas y las encontraré.
Nos movimos a diferentes prostíbulos de la ciudad, para dejar a la mercancía nueva, las chicas que han sido usadas para este fin con la finalidad de conseguir dinero, sin embargo, estoy cien por ciento segura que no todas, si es que ninguna, están aquí por placer, pero ellas temen hablar al respecto.
Estas mujeres, casi niñas, son vendidas a la crema y nata de la sociedad: políticos, empresarios, representantes sociales... Para satisfacer sus más bajos deseos. Son ultrajadas, golpeadas y sometidas de las formas más viles y crueles, aunque estos perros digan que les dan un trato digno, pero muy pronto "los italianos" entraremos en acción.
Después de dejar la mercancía en sus respectivos lugares, regresamos a la casona, y yo a mi lugar de trabajo; esperé a que los hombres se largaran a tomar, como es su costumbre, y me escabullí al sótano para poder instalar la cámara fragmentaria que se dispersaría por lugares estratégicos de la mansión una vez que estallara dentro de los conductos de ventilación que son los que llegan por todo el interior.
Mientras estaba en esa labor, escuché ruidos, así que, apagando la mini tableta con la que tendría acceso a las cámaras, me escondí detrás de los anaqueles viejos que estaban en el lugar. Los pasos llegaron casi en la esquina en la que estaba. Nunca antes había valorado el contorsionismo, como ahora. La luz del celular en la mano del hombre, y su conversación, me revelaron su identidad.
Estaba impactada con el descubrimiento, y hasta cierto punto aliviada de haber sido yo quien escuchara esa conversación... Ahora podría disfrutar sin tanto remordimiento y poder sentirme más segura al respecto de lo que necesito descubrir. Esperé a que el hombre saliera, aguardé unos minutos más, y salí del sótano.
Llevada por la curiosidad, caminé hacia el lado contrario por donde había llegado, esa mansión parecía un laberinto. Cuando llegué al tope, encontré una puerta a medio cerrar, desde donde salían unos gemidos amortiguados. Me asomé por la ligera abertura de la hoja de madera y casi se me sale una maldición al mirar la escena.
Amarrada por las manos, desnuda sobre una cama amplia, bajo la luz rojiza y titilante del lugar, estaba la perra de Eliza, con el pene de un tipo, un trabajador de Leagan, dentro de su boca, siendo palagueada sin piedad; un personaje más, que estaba hacia las sombras, se acercó a ella y levantó sus piernas, extrayendo de su trasero 2 bolas dilatadoras, para luego meter un consolador eléctrico extra jumbo, diría yo... Ella se retorció y quejó pero sus sonidos se quedaron en el miembro de su jinete frontal... El tipo de las sombras se acercó más hacia ella y la penetró con brusquedad, estrellando su miembro contra el de ella, y sincronizando sus movimientos con el otro hombre. Eliza estaba recibiendo una cogida triple y sin meter manos... Cuando la luz rojiza alumbró un poco más el área, o más bien mis ojos se acostumbraron a ella, descubrí al otro personaje... Leagan...
El estómago se me contrajo de repulsión, mi respiración se aceleró... En verdad la escena parecería demasiado excitante si no supiera que estos pendejos son hermanos... El líbido se me bajó de golpe...
Me moví de ahí con el mayor sigilo del mundo, no era quién para juzgarlos, pero, desde cualquier ángulo, esto no era bien visto. Llegué a mi despacho con el corazón latiendo al mil, temiendo que alguien me hubiera descubierto, lo cual no ocurrió, afortunadamente... Lo que acababa de ver me daba una idea de la calidad moral de los hermanitos Leagan, pero también una oportunidad para descubrir el misterio oculto que se traen estos dos, mi carnada sería ella... La perra de Eliza...